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Eligiendo la sanción aplicable

Los vertidos ilegales de residuos suponen una problemática que el Gobierno de la Ciudad no ha acertado a corregir. Esporádicamente realizan algunas acciones, con una buena cobertura de Teleceuta, para hacer propaganda, pero los vertederos ilegales continúan apareciendo y creciendo.

Estos vertederos constituyen un problema que afecta a la salud y el bienestar de los ciudadanos, objetivos básicos de cualquier acción pública, y es por ello más sorprendente aún que Juan Vivas y los suyos no se hayan tomado el interés que ponen en otros asuntos de menos trascendencia como la compra de cervatillos vegetales o la adquisición de estatuas de bronce.

El otro día alguien debió ver la luz en el Palacio Autonómico y llevó a Yolanda Bel a anunciar a gritos como si vendiera verdura (tono habitual de la portavoz del gobierno) que, a partir de ahora, no iban a aplicar la ordenanza municipal de limpieza para sancionar los vertidos ilegales, sino que se iban a acoger a la Ley de Residuos.

Cualquiera que tenga un mínimo de formación jurídica sabe que la norma que se aplica a un hecho depende del ámbito de aplicación de ésta y que, en el caso de la normativa sancionadora, debe haber una perfecta adecuación entre el hecho y lo dispuesto en la norma, no pudiéndose elegir la norma administrativa más sancionadora, ya que rigen constitucionalmente casi los mismos principios que en el Derecho Penal.

Lo que, con los datos que tengo de lo publicado en prensa, anunció la portavoz del Gobierno fue precisamente eso: la elección de la norma más desfavorable al hecho. Esto se encuentra excluido por el Derecho Administrativo Sancionador y que hará exitosos los recursos que se planteen contra las sanciones que puedan recaer.

La única responsabilidad la hemos de encontrar en la desidia de Juan Vivas y sus consejeros en adecuar el régimen sancionador aplicable en la Ciudad, dentro de sus competencias, a la Ley de Residuos. No tiene sentido que las disposiciones de la ordenanza municipal de limpieza se superpogan con las de la Ley de Residuos creando un marco realmente indeseable.

Se agrava más la situación con el hecho de que, hasta ahora, la Ciudad ha estado aplicando la ordenanza y olvidándose de la Ley. ¿Por qué? ¿Qué pretendía la Ciudad no aplicando la Ley? ¿No sabían que existía la Ley o conociéndola prefirieron no emplear las sanciones de esta norma? ¿Por qué no han reformado la ordenanza de limpieza para evitar duplicidades sancionadoras?

Todo esto no implica ni gasto de dinero ni otros compromisos de la Ciudad. Tener la normativa en orden para que las sanciones sean efectivas sólo se consigue con trabajo, atención y con ganas de hacer las cosas bien. Es lógico que esto no interese a Juan Vivas, porque una ordenanza no se puede inaugurar tres veces.

Paco Márquez salvado por el Decreto-Ley

El Real Decreto-Ley 8/2010,  de 20 de mayo, por el que se adoptan medidas extraordinarias para la reducción del déficit público, le ha venido como anillo al dedo al Gobierno de la Ciudad. Las dificultades económicas del ente autonómico han estado en los medios de comunicación desde la última comunicación del Ministerio de Economía y Hacienda sobre la “deuda viva” de cada uno de los municipios españoles.

Los días previos a la aprobación y ulterior publicación del Real Decreto-Ley fueron testigo de numerosas especulaciones sobre la posibilidad de un serio recorte a las transferencias que, desde la Hacienda del Estado, reciben las corporaciones locales. En nuestro caso hubo quien habló de una severa disminución de la cuantía de la compensación por el IPSI, principal fuente de financiación de la Ciudad Autónoma de Ceuta. Estas posibilidades no se han materializado, de forma que cabe esperar que la compensación continúe en los términos previstos hasta ahora.

Lo que sí se han recortado han sido los sueldos de los funcionarios de la Ciudad Autónoma y, por lo visto, solamente los ingresos de los funcionarios que no las retribuciones de los trabajadores de las empresas municipales, cuyo número ha sido el que más ha crecido en los últimos años. En el fondo es una gran noticia para el ahogado consejero de Hacienda de Ceuta, ya que se le obliga a hacer una disminución en los sueldos (algo de lo que siempre podrá culpar a otros) y los ingresos, por ahora, no se los tocan.

El consejero ha anunciado que se van aminorar algunas subvenciones, especialmente la de la AD Ceuta, aunque solamente en una cuantía del 40%. Y digo concientemente que es solamente un 40% porque la reducción debiera haber sido mucho mayor e incluso alcanzar la totalidad. No tiene sentido financiar algo que interesa cada vez a menos personas, que no tiene ninguna utilidad para la ciudad en su conjunto y que no revierte de ningún modo sobre la economía real de nuestra ciudad ni sobre la sociedad ceutí.

Creo, hasta donde sé, que el consejero Paco Márquez ha anunciado una revisión de otras subvenciones y de las partidas de gasto corriente. No me parece una mala idea, sinceramente, siempre que la revisión de las subvenciones no se hagan sobre criterios partidistas y/o electoralistas, sino teniendo en cuenta lo que con cada una de ellas se consigue y que servicio se presta a la sociedad ceutí, no perdiendo de vista que hay servicios más importantes que otros, aunque beneficien a menos personas.

Paco Márquez, para disminuir el gasto corriente, puede repasarse las interpelaciones y las notas de prensa de la oposición en los dos últimos mandatos. La oposición se ha cansado en decir que se está despilfarrando el dinero poniendo maceteros carísimos para sustituir a otros maceteros que estaban en perfectas condiciones; gastando una millonada para invadir el centro de muñecos de Disney hechos de seto; tirando millones en flores de temporada que se plantan una y otra vez. Lo tiene fácil el consejero Márquez si realmente quiere reducir el gasto corriente de la Ciudad y, si lo tiene a bien, de las sociedad municipales.

Evidentemente la parte fea de todo esto van a asumirla Paco Márquez, Yolanda Bel o el que pase por allí, porque el máximo responsable de la política financiera de la Ciudad, Juan Vivas, no comparece para dar explicaciones, no dice nada y se mantendrá callado todo el tiempo posible, ya que él solamente está para lo bueno y abrazar a todo el que se encuentre.

¿Quién puede creerse a Paco Márquez?

El nuevo plan para el aumento de la recaudación fiscal me parece el colmo del descrédito del consejero Paco Márquez. Hace menos de dos meses el consejero, a través del Presidente, presentaba en la Asamblea un Presupuesto que, a la luz de lo ahora anunciado, estaban muy mal hecho.

Un Presupuesto tiene dos partes fundamentales: ingresos y gastos. Los ingresos hay que calcularlos cuidadosamente y ser precavido en las estimaciones, porque de ellos dependen los gastos. No ha tardado el consejero ni dos meses en confesar que los ingresos del Presupuesto están mal calculados, que no sirven para nada y que hay que comenzar a recaudar más o a vender lo poco de patrimonio inmobiliario que la Ciudad todavía posee.

El Presupuesto se ha ido cuadrando demasiados años por medio de los cálculos de ingreso del IPSI, unos ingresos que compensa el Estado en la parte que la Ciudad no consiga recaudar. Ello ha hecho que el Presupuesto de Ingresos sea una especie de ficción fiscal, que sirve para otros cálculos como los de la deuda.

Paco Márquez ahora nos intenta vender una falsa austeridad. Una austeridad en la que no se recortan gastos, en la que no se dice que no podemos seguir tirando el dinero y que ahora toca gastar en lo fundamental y en lo necesario y dejar de hacerlo en las mil chorradas y disparates habituales del gobierno de Vivas.

El hecho de no realizar un plan de inspección fiscal bueno, como el que sí tiene el Estado, y que el eje del aumento de ingresos de la Ciudad sea la enajenación de locales y de parcelas, no hace más que indicar la nula voluntad por tener unos ingresos sensato, correspondientes a la actividad económica de los tributos locales y el deseo de poner un parche, ganar un poco de dinero y de tiempo para seguir tirando unos meses, esperando que milagrosamente la crisis se termine.

En vez de ajustar el Presupuesto por el gasto, en vez de vigilar la ejecución del Presupuesto y diseñar un plan de austeridad y de restricción del gasto, en vez de comportarse como un gestor responsable, el consejero de Hacienda lo que va a hacer es despatrimonializar aún más a la Ciudad Autónoma, como si no hubiese más futuro después de Vivas y de Márquez.

El gobierno de Vivas no quiere atacar las bolsas de fraude a los impuestos municipales y hacer pagar al que no lo hace. Lo primero que hicieron fue subir los impuestos (en pleno verano) y ahora se ponen a vender parcelas y locales en una inundación del mercado que no hará otra cosa que disminuir su precio. Cuando hayan terminado con el patrimonio inmobiliario de la Ciudad, volverán a subir los impuestos una y otra vez, aprovechando todos los trucos de calendario.

Más deuda, más impuestos, más paro, menos patrimonio municipal, más personas pendientes de las subvenciones y menos emprendedores, más gastos, menos ingresos. Estos son los grandes trazos de la gestión económica y financiera de Vivas, de todos sus consejeros económicos y especialmente del consejero Márquez.

No se sabe ni recaudar, ni aprovechar el patrimonio que se tiene para que la Ciudad ingrese sin necesidad de subir los impuestos. Lo que se ha demostrado que lo único que se sabe hacer es subir el precio del agua y del alcantarillado, tributos que se cobran igual para todos, ya que nuestra corporación se caracteriza por la incapacidad que tiene para conceder exenciones y desgravaciones.

Por una nueva oficina del INEM


Las manifestaciones de los parados de nuestra ciudad, en vez de disminuir por el paso del tiempo y la absoluta desidia de las autoridades nacionales y locales, se están acrecentando. Los parados que nadie quiere ver, que incluso algunos niegan, se están haciendo más y más presentes conforme pasan los días de movilizaciones y manifestaciones.

Los parados ceutíes no sólo son ignorados, sino que son maltratados por la autoridad de empleo, que mantiene una ridícula oficina de atención a los ciudadanos, donde hay que coger número y esperar tener suerte para ser atendido. Una oficina que no tiene ni una ventanilla de información, sino que solamente informa si se tiene número, lo cual acreciente aún más las esperas.

Lamentablemente, y debido al paro en nuestra ciudad, deberíamos estar reclamando una tercera oficina del INEM, pero no es así y nos tenemos que vernos forzados a pedir la segunda oficina que debería estar en funcionamiento desde hace mucho tiempo. Tenemos una única oficina que no está en condiciones, no tiene personal suficiente y hace que realizar las gestiones relativas al Servicio Público de Empleo se acerque a un castigo añadido al hecho de estar parado.

Plazas de aparcamiento

Paco Márquez, Consejero de Hacienda, actual hombre fuerte de Juan Vivas, y cuyas aspiraciones están más allá de mantener su actual papel de mensajero del Presidente, ha desarrollado últimamente una amplia actividad para aquella a la que nos tiene acostumbrados.

Ha salido varias veces a los medios, nada con mucho mérito, para decir lo mucho que está haciendo el Gobierno de Ciudad por las barriadas e incurriendo en algún fallo, como decir que este año es el año de las barriadas, con lo que implícitamente reconoce que todos los anteriores no lo han sido.

Anda el Gobierno de la Ciudad, y Paco Márquez a la cabeza, muy orgulloso de los nuevos aparcamientos subterráneos que se están construyendo en la ciudad. Consideran que es una solución de los más que evidentes problemas de tráfico que tiene Ceuta y que incidirán, por primera vez, en las barriadas y no solamente en el centro, como es costumbre entre el PP.

La cuestión que hay que plantearse es si esos aparcamientos subterráneos realmente palían en algo en problema de aparcamiento que padece nuestra ciudad. De la misma forma si la fórmula elegida para construirlos es la más adecuada y beneficiosa, tanto para el fin que se persigue, como para las arcas autonómicas.

El sistema actual es el clásico: la Ciudad decide construir un aparcamiento subterráneo, saca a concurso la obra, que adjudica a una empresa y, una vez construido el aparcamiento, es gestionado por la empresa municipal que se encarga que esos menesteres: AMGEVICESA.

El sistema que se sigue es muy costoso para las arcas autonómicas y convierte los aparcamientos en un gasto permanente para la Ciudad. Con la finalidad de paliar el gasto y, sobre todo, pagar la obra, siempre se sacan una buena porción de plazas de aparcamiento para ser ocupadas permanentemente por quienes consiguen una concesión administrativa, por lo que la disponibilidad real de aparcamientos para el resto de conductores se reduce.

Hay otro sistema que conseguiría que estos aparcamientos sí fueran absolutamente gratis para la Ciudad y además le proporcionase unos ingresos anuales. En vez de sacar a concurso sólo la construcción del aparcamiento, se podría sacar a concurso la construcción y la gestión del aparcamiento, de manera que la empresa que ganase el concurso los construyese y los gestionase de acuerdo con el contrato suscrito con la Ciudad.

La Ciudad podría “subastar” el terreno para el aparcamiento y también someter la gestión y la explotación a una serie de condiciones previstas en el contrato. A cambio, recibiría anualmente un canon que podría ser fijo, variable o mixto. El resultado sería que, efectivamente, la Ciudad podría construir más aparcamientos en los terrenos que tiene, no les costaría nada y convertiría lo que es una carga, su gestión, en una fuente de ingresos.

Pero ésta no sería la única forma ni la más importante de paliar el problema del aparcamiento en Ceuta, ya que solucionarlo es culturalmente imposible. El Consejero Doncel debería considerar, ahora que quiere relanzar el nuevo PGOU, que es un buen momento para que la nueva ordenación urbana tenga en cuenta el hecho de que los vehículos necesitan un lugar donde ser dejados, pues no caben en el salón de casa.

Otra medida ambiciosa e inteligente, y por tanto alejada de los planteamientos del gobierno de Vivas, es tener un sistema de transporte público decente y a la altura del país en el que vivimos y de la época en la que lo hacemos. El hecho de que el coche sea infinitamente más cómodo que el no-transporte público no hace más incrementar los problemas de aparcamiento y el gasto que la Ciudad y los ciudadanos tienen que asumir por la casi forzosa opción a favor del vehículo privado.

Alumbrado navideño y racionalizaciones

Uno de los símbolos externos más claros que han llegado las fiestas navideñas, aparte de la aparición de los productos tradicionales y la compra masiva de fármacos contra el empacho, es el alumbrado navideño.

A mí me encanta que las calles estén alumbradas, que brillen, que estas luces sean bonitas y que, cada año, haya algo nuevo de contemplar, algo ingenioso o que se destaque un rincón de nuestras calles que en el trasiego diario no nos paramos a apreciar.

Disfruto del alumbrado y creo que no soy el único. Defiendo que se ponga por el único motivo de que a mí y a otros muchos conciudadanos más nos produce un deleite estético, nos da optimismo en mitad del frío que poco a poco va entrando y nos da una estupenda excusa para mirar hacia arriba.

Los motivos hay que tenerlos claro y la jerarquía de valores y de prioridades también. Personalmente no tengo ninguna dificultad en decir que poner alumbrado navideño es bueno porque a mí y a muchos nos gusta y no me entretengo buscando una serie de excusas que tiñan de objetiva necesidad lo que no es más que una preferencia personal y un gusto subjetivo.

Lo sí me inquieta, y mucho, son esas personas que quieren justificar una preferencia o una gusto personal con una serie de dogmas que nadie se ha molestado en comprobar de una forma empírica y con una metodología válida.

Se nos dice que el alumbrado navideño dinamiza el comercio y hace que gastemos más. No se molesten en buscar estudios que lo demuestren porque sencillamente no los hay. Nadie ha cogido dos calles homogéneas en una misma ciudad y a una le ha puesto alumbrado y a otra no y ha repetido ese experimento varios años y en numerosas poblaciones. Solamente así podríamos obtener datos fiables sobre la incidencia del alumbrado en la actividad económica.

Y este estudio sería importante porque si se argumenta que el alumbrado no se hace por gusto, sino que se hace por dinamizar el comercio, un dinero destinado a la ornamentación pasaría ser considerado como una inversión económica y las inversiones hay que valorarlas, es decir, hay que saber cuánto produce cada euro que se gasta. Además, si así fuera, no estaría de más que los comerciantes también colaborasen.

El hecho de reconocer que el gasto en alumbrado navideño se justifica estéticamente, permite también darle su lugar en las prioridades del gasto público. Que Ceuta sea la segunda ciudad de España en gasto de alumbrado navideño creo que es un precio demasiado alto para que yo y otros de similar gusto paseemos en pleno arrobo estético por las calles cuando la noche ya ha caído.

Mis gustos y los de otros están por debajo de las necesidades objetivas de muchos y más cuando nuestraciudad está también a la cabeza de paro y de personas bajo el umbral de la pobreza.

Hitos históricos

Scalextric
Últimamente el Gobierno de la Ciudad no para de comunicarnos algunos proyectos a los que anda dándole vueltas: se habla de puentes, túneles y hasta de aeropuertos (que no es mala idea según Juan Vivas).

El problema es más psicológico que de otro orden. Juan Vivas está buscando la forma de pasar a la historia, porque sabe que la política es muy desagradecida y que el día que deje de ser Presidente de la Ciudad comenzará a sentir como hay mucho más espacio a su alrededor, porque no tendrá a tantas personas “asesorándole” o directamente dedicándose a la adulación de su persona.

Juan Vivas sabe que cuando deje la Presidencia, porque algún día la dejará, pasará a ser malo para quienes ahora lo consideran bueno e indiferente para el resto. Perderá el halo de santidad mesiánica y, al poco, tiempo prácticamente nadie se acordará de él, especialmente todos los que le deben lo que son y serán.

Sabiendo Juan Vivas que las flores se secan, que las losetas hay que cambiarlas y que los setos de personajes de dibujos animados desaparecen con el tiempo, quiere dejar una obra emblemática. No una obra útil, positiva o importante, sino una obra que sirva de recuerdo de su Presidencia.

Por ello nos encontramos en cada titular el intento de dar en la tecla. La cuestión no es el presente, no son los problemas actuales ni, mucho menos, los problemas venideros. El fondo es querer dejar un recuerdo, en hormigón armado pagado a precio de oro, de que él fue Presidente de la Ciudad Autónoma.

No es un problema sólo de Juan Vivas, sino un problema casi generacional. Él vivió y creció en una sociedad donde cualquiera intentaba emular al entonces Jefe del Estado dejando su nombre y todas las paredes en forma de placa. Vivas eso lo ha hecho de forma mayúscula, pero falta su gran obra, su “Escorial”, por no mencionar una obra conmemorativa cercana al monasterio escurialense.

Y lo mismo tiene éxito y terminamos completamente llenos de túneles que no conducen a ningún sitio, de puentes que van a parar al mar y de hasta un complejo ornamental en granito que recuerde perpetuamente la existencia del actual gobierno. Puede que hagan algunas de esas cosas, que la financien según el método alemán (ya pagarán los que vengan detrás), pero nunca afrontarán responsablemente los verdaderos problemas que tiene Ceuta en infraestructuras básicas.

Podemos hablar, por enésima y desesperada vez, de la ausencia de papeleras en muchas calles, de una limpieza viaria más que deficiente, de problemas en el suministro de agua, de inundaciones cuando caen más de tres gotas, de la inexistencia de una verdadera red de transporte urbano de pasajeros, del eterno ya tema de los barcos, del estado de las guarderías, del hecho de que desde que gobierna el PP no se haya abierto una sola guardería y de una cantidad de cosas que cada semana aparecen en esta columna y en alguna otra.

Pero no, todo eso son naderías, lo que realmente importa es hacer túneles y puentes.