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Más que nunca Labordeta tiene mucho que decirnos a los ceutíes

Las Sandalias del Pescador

“Las Sandalias del Pescador” es una película que me encanta. Es una de esas cintas que uno no se cansa de ver, por más que esté ya cerca de saberse de memoria los diálogos. Está basada en la novela homónima de Morris West e inició toda una serie de libros de este autor que algún teórico literario con demasiada imaginación denominó ‘thriller vaticano”. En definitiva, ni en esto Dan Brown es original.

Una de las escenas más memorables de esta película es cuando un cardenal se levanta en medio del Cónclave para proponer la elección por aclamación de un desconocido cardenal ruso que le había impresionado en los momentos informales entre votación y votación. La emoción se desparrama cuando casi todos los cardenales se levantan de sus asientos para proclamar el mismo nombre. Una minoría no lo hizo.

De esta forma entra en la cultura popular lo que es una ‘elección por aclamación’, que no es realmente una elección, ya que la aclamación sustituye a los votos y los que no consiguen alzar su voz son anulados hasta la inexistencia electoral.

Las elecciones que se realizan sin emoción, con papeletas, urnas y recuentos, son las propias de las democracias occidentales. Una decisión es adoptada o una personas es elegida y otra decisión no es adoptada o una persona no es elegida. De esta forma se solucionan en las democracias occidentales las cuestiones disputadas, quedando claro el nivel de apoyo que una opción y otra tienen, es decir, se le da voz y visibilidad a las minorías.

No es extrañar que un teórico de la Política y del Derecho tan antidemocrático como Carl Schmitt prefiriera las aclamaciones, llenas de fervor sentimental, al conjunto de elecciones individuales donde los números muchas veces arrojan realidades que no se quieren o proporciones que no se desean.

Las decisiones tomadas por aclamación y las elecciones realizadas por este mismo método son una forma de quitarse lo incómodo que para los gobernantes o dirigentes tiene una democracia, los votos desfavorables o los votos a otras posibilidades. Las eliminación hace que lo ilógico, la unanimidad, se torne en lo normal y en lo deseable, porque en el fondo se piensa que la democracia es solamente un ornato exterior válido para los otros, nunca para uno mismo.

Siempre se puede decir que una elección por aclamación puede fracasar. Esto es teóricamente. Cuando se recurre a la aclamación basta un pequeño grupo que monte jaleo y que se presuma poco dispuesto a verse contrariado para que el resto (sea mayoritario o minoritario) simplemente no asista o se tenga que quedar callado.

Las aclamaciones quieren dar la impresión de que hay una unidad en torno a la decisión o al dirigente en cuestión, pero el verdadero grado de unidad solamente se muestra en una votación con las debidas garantías procedimentales (especialmente el secreto) y con la mayor participación posible. Todo lo demás no son más que apariencia de democracia, de votaciones o elecciones; apariencias que terminan deshaciéndose.

¿Por qué Juan Vivas no debate?

Juan Vivas es un buen político porque sabe vender extraordinariamente bien lo que es una gestión que, en el mejor de los casos, debe ser considerada como mediocre y sumamente cara, ya que la nuestra es la segunda corporación local más endeudada por habitante de España.

Sabe vender su “gestión” siempre que no existe ninguna circunstancia que pudiera ponerle en el más nimio compromiso. JuanVivas nunca ha debatido abiertamente, sin límite de tiempos y sin ser él quien controle los turnos y la adecuación de las intervenciones. Juan Vivas sólo debate, y muy pocas veces, en la Asamblea, donde naturalmente el Reglamento favorece a la mayoría, que para algo los que gobiernan son los que aprueban estas normas parlamentarias.

El Presidente de la Ciudad no está acostumbrado a debatir abiertamente, es decir, en un lugar donde sea interpelado por un oponente en igualdad de condiciones y donde el debate no tenga unas normas que le favorezcan y le protejan. Juan Vivas no lo ha hecho nunca y nunca lo hará porque sabe que su aureola caerá en el momento que se someta y pierda su primer debate abierto.

Sin duda es una estrategia política y electoral del PP. Un debate no les iba hacer ganar nada y solamente tienen cosas que perder. Manteniendo calladito al líder les ha ido estupendamente y  nada les invita a cambiar de actitud. Desde un plano del mero cálculo político parece un opción acertada que no aceptable.

Juan Vivas debería dejar de expresarse en declaraciones en las que casi no se permite la interpelación, en entrevistas como la que concedió demuestra de la dimisión de Pedro Gordillo o en debates en la Asamblea.

Juan Vivas debería salir a la palestra para demostrar que él no necesita silenciar o amordazar al rival político para imponerse por la vía de la palabra y de los argumentos. El valor y la valía como político se prueban en los momentos en los que se está solo ante un adversario inmisericorde y se le gana.

Escabullir continuamente el enfrentamiento dialéctico, escurrir la igualdad de palabra y huir de la una derrota que muchos consideramos más que posible, dada la escasa talla política de un Presidente prefabricado, puede que sea una práctica eficaz, pero realmente es triste y penosa. Él prefiere mantenerse en una burbuja de cristal, para evitarse cualquier daño por menor que sea.

Puede que Juan Vivas vuelva a ganar con una amplia mayoría las próximas elecciones a la Asamblea, pero no será gracias a lo que haga Juan Vivas. No será fruto de lo que él haya arriesgado y jugado, hablando cara a cara con sus oponentes.

Esas elecciones las ganará, sin duda, un Juan Vivas al que no se le ha escuchado nunca rebatir un argumento contrario, confiado en que su aparto de propaganda lo deje todo pulido para las urnas. La  victoria será para un Juan Vivas que no ha demostrado la más mínima capacidad de convencimiento, salvo si su mensaje es repetido en solitario y con un coro de pelotas que lo amplifiquen mientras cantan sus alabanzas.

Juan Vivas podrá retirarse como Presidente pero nunca podrá decir que él asumió liderazgo alguno. Con el escándalo del “caso Gordillo” permaneció vergonzosamente callado durante más de una semana, mandando a dos consejeros para que le hicieran de parapeto. Cuando llega una campaña electoral, no se atreve a demostrar esa valía, que los suyos le suponen, y debatir abiertamente con los otros candidatos (uno a uno o por separado) y ganarle en buena lid. No, lo suyo es callar, esconderse y que el aparato de propaganda sustituya su absoluta falta de carisma, valor y liderazgo.

¿Quién gobierna Ceuta?

Consternado he leído la noticia de que Yolanda Bel pide la “colaboración” de UDCE para aplicar las medidas en El Príncipe. Algunas rápidas reflexiones:

1) Pensaba que era el PP el partido que había ganado las últimas elecciones en Ceuta y que había sacado diecinueve de veinticinco diputados en la Asamblea. Que en consecuencia gobernada en solitario con un mayoría absolutísima.

2) Creía que era absolutamente fiable esa encuesta publicada poco después del “caso Gordillo” que decía que Mohamed Alí era prácticamente un desconocido en el Distrito VI, que es el distrito que ocupa el barrio de “El Príncipe” en solitario.

3) Tenía la impresión de que la UDCE no formaba parte del gobierno de la Ciudad y que, por tanto, no tiene responsabilidades de gobierno, de forma que el PP es el que tienen la responsabilidad de sacar adelante las medidas, llevándose el reconocimiento si lo consigue y la reprobación si fracasan.

Una palabrita


La noticia más importante del día, a juicio de un importante diario ceutí, ha sido la que reproduzco en la imagen. Lo que más me llama la atención es que digan “ya” cuando el Plan 2000E está esperando su renovación. Lo más correcto, en mi opinión, hubiera sido decir “La Ciudad solamente ha resuelto 83 expedientes del Plan 2000E por una partida de casi 42.000 euros”.

Transparencia

El gobierno de la Ciudad ha hecho de la falta de transparencia una de sus señas de identidad. Tan poco gusto le tienen a dar información detallada y fiable de cuales son sus intenciones reales, cual es la situación de cada uno de sus proyectos o de lo que realmente sucede, que oscurecen cualquier decisión por pequeña sea o incluso buena que pueda ser.

Un incendio en la cocina de la Residencia de la Juventud, situada en la “Plaza Vieja”, se constituye en el momento adecuado para inspeccionar el edificio y encontrar deficiencias de una gravedad que recomiendan la no utilización del inmueble a partir de junio (la gravedad parece que va por estaciones). Como siempre aparecen problemas estructurales y organizativos que nada tienen que ver con el incendio de la cocina, pues la no existencia de una puerta de emergencia pudo haberse constatado en los últimos treinta años.

Vivas anunció, en sus últimas comparecencias programáticopropagandísticas, que la Residencia de la Juventud se trasladará a ese “campus universitario” sin universidad que están deseando construir. Se han encontrados grandiosos impedimentos a la continuidad de la Residencia, impedimentos que nada han tenido que ver con el incidente navideño y que son realmente una acusación de la desidia del gobierno, que ha dejado abandonado este servicio municipal.

También dejan la “Plaza Vieja” el Instituto Ceutí de Deportes y el Instituto de Idiomas. Se libera todo el terreno para realizar algo que el gobierno de la Ciudad todavía no ha dicho. Evidentemente tampoco ha dejado claras las condiciones en las que va a dejar los inmuebles, si serán derribados, si no, si se traspasará la propiedad de estos o del solar y a cambio de que precio. No ha dicho lo más importante (lo que pasará con la “Plaza Vieja”), de manera que no se siente ni siquiera tentado a entrar en detalles.

Creo que no sucedería nada si la Ciudad manifestara lo que le gustaría hacer en la “Plaza Vieja”, cuales son los propietarios con los que tarde o temprano se tendrá que sentar, que beneficio (legítimo) tendrán los propietarios, que beneficio tendrán los ciudadanos y el motivo por el que la instalaciones municipales tienen que ser desalojadas con tanta premura aprovechando incidentes menores.

Es posible que el proyecto que, sin duda, tiene el gobierno de la Ciudad pueda ser interesante. No podremos valorarlo porque querrán vendérnoslo como un hecho consumado tapado por los “informes técnicos” que hagan falta. En vez de presentar un proyecto y convencer, sin la propaganda ni manipulación habitual, de que es un buen proyecto, la Ciudad vuelve a callar y nos obliga a pensar, aunque no lo queramos, que si no hablan es porque algo tienen que esconder, que algo de inconfesable debe haber o que los intereses no son los generales. La oscuridad del gobierno alimenta, acrecienta y justifica la aparición de sospechas.

El gobierno de Ceuta anda muy alejado de todo lo que es información al ciudadano. La Ciudad Autónoma continúa desarrollando políticas de información al ciudadanos propias de otras épocas. En vez de abrirse cada día más a los ciudadanos y a los instrumentos de la información de estos, se ha ido cerrando en su caparazón protector, aunque ello deteriore la confianza de los ciudadanos en su institución autonómica.

Seguramente alguien me diría que esto da igual, que Juan Vivas va a volver a ganar las elecciones de calle y que a nadie le preocupa estas cosas, más que a algunos que ocupan el segmento de “interesados por la política”. Puede que ello sea cierto, pero no deja de serlo tampoco que el desinterés y la galopante abstención que se da en las elecciones a la Asamblea de Ceuta debería hacer pensar que algo no se está haciendo correctamente.