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Más que nunca Labordeta tiene mucho que decirnos a los ceutíes

Irrelevancia y sumisión

Los casi dos años que José Fernández Chacón lleva al frente de la Delegación del Gobierno no tienen otro calificativo posible que el de “años perdidos”. Fernández Chacón ha demostrado una absoluta incapacidad para la gestión política que, en ocasiones, supera a la del Gobierno de Vivas, cosa de gran dificultad.

La incapacidad de Fernández Chacón se caracteriza no por hacer mal la mayoría de las cosas, como Juan Vivas, sino por no hacer absolutamente nada. Alguien le debió decir que el tiempo arregla los problemas, pero todavía no se ha dado cuenta que los problemas se pudren con el tiempo, como el lunes escribió Aureliano Martín.

Su incapacidad política está en la misma línea que su irrelevancia. A nadie le sorprenden que los diversos departamentos ministeriales operen en Ceuta sin consultarle y sin que a él digan le nada. En el fondo da igual, porque de una consulta a Fernández Chacón solamente se puede obtener el silencio por respuesta.

Un político debe aportar soluciones a los problemas de los ciudadanos. Y los verdaderos problemas no son aquellos que se resuelven según un procedimiento administrativo absolutamente reglado, que para eso ya están los funcionarios. Un político no tiene ni debe tener las mismas obligaciones que los funcionarios, ya que la política debe aunar creatividad y prudencia, virtudes ambas que están completamente ausentes de las acciones de Fernández Chacón.

Las manifestaciones de inmigrantes que están siendo noticia son exclusiva responsabilidad de Fernández Chacón y de ese equipo de ‘cracks’ políticos de los que se ha rodeado o le han rodeado. La Delegación del Gobierno no ha sabido ni ver el problema, ni buscar una solución a tiempo y, a la hora de la verdad, se ha refugiado en una interpretación tan restrictiva de la norma que parece más propia de alguien que representase a un gobierno de Nicolas Sarkozy que a uno de Rodríguez Zapatero.

En las pasadas Elecciones Generales, 14.716 ceutíes votamos al PSOE y al Presidente Rodríguez Zapatero. Contra la propaganda oficial del PP de que Ceuta odia al PSOE el 40.47% de los ceutíes optamos por la izquierda. Luego llegó la concreción de ese voto ilusionado que ha sido la decepción profunda y absoluta que representa Fernández Chacón y su grupo de oportunistas políticos.

Cuando Juan Vivas, en la primera ocasión que tuvo, le largó su discursillo sobre “lealtad institucional”, Fernández Chacón lo entendió perfectamente y lo hizo suyo. El Delegado del Gobierno captó a la primera que “lealtad” significa “sumisión” y ha entregado toda la representación institucional y las potestades legales del Gobierno de España a los dictados y caprichos del gobierno local. Fernández Chacón no ha reaccionado ni una sola vez, en el ámbito de sus competencias, a circunstancias que hubieran requerido su actuación.

Es triste pero hay que reconocer que el único objetivo que tienen Fernández Chacón y los suyos es mantenerse en sus puestos mientras dure. Ni el programa de su partido, ni la mejora de los servicios públicos, ni el encauzamiento del desmadre financiero de la Ciudad, ni la cohesión social son asuntos que les preocupe. A ellos solamente les preocupa sentarse en sus sillones cada mañana.

Oferta cultural (II)

Una de las estrategias más repetidas y cansinas del PP de Ceuta para protegerse de las críticas es decir que las críticas, cuando se dan, realmente suponen un ataque contra los trabajadores de la Ciudad, una especie de desprecio del trabajo de estos empleados públicos. Es una estrategia que debe ser desvelada y denunciada, porque quiere ocultar en los trabajadores lo que solamente es responsabilidad de los cargos políticos que ocupan el papel directivo: responder por el cumplimiento o no de los objetivos y por el éxito de sus decisiones.

El pasado viernes, en este mismo medio, Dª Susana Román, cargo político de la Consejería de Educación, Cultura y Mujer publicó una carta a la directora respondiendo mi último artículo en el que criticaba algunas facetas de la oferta cultural de Ceuta. En esta carta empleaba la estrategia, antes enunciada, de parapetarse detrás de los empleados municipales para no afrontar una crítica a la gestión política.

No me dejó de llamar la atención que lo que comenzaba hablando de que había ofendido a los trabajadores de la Consejería se transformó en una loa a la señora consejera, Mabel Deu, a la que se le llega a nombrar elogiosamente en dos ocasiones en un solo párrafo.

Y es que la carta enviada desde un cargo político de la Consejería creo que me da la razón. Una de las críticas fundamentales que exponía a la oferta cultural impulsada desde la Ciudad era que ésta se conformaba con realizar determinadas actuaciones concentradas en el tiempo y la insistencia en los programas ya establecidos, como la oferta a escolares, muestra que la Consejería hace siempre lo mismo.

Uno de los grandes logros expuestos es el programa de teatro escolar. El teatro escolar debe estar y no es ningún mérito que exista, es casi una obligación. Valoro como nadie que los escolares tengan la posibilidad de ir al teatro, pero dice poco de la dirección política de la Consejería considerar que la estrella de la oferta cultural de Ceuta es su programa de teatro escolar.

Sigo manteniendo que hace falta una mayor imaginación para aplicar los fondos presupuestarios de un modo que la agenda cultural sea verdaderamente amplia y variada y que tenga una extensión que haga accesible manifestaciones culturales sin tener que desplazarse a la Península, algo que es muy onerosísimo para muchas familias ceutíes.

Y si no hay esa imaginación, que no es exigible a nadie, hay que tener la humildad de conocer miles de experiencias y proyectos positivos que han desarrollado muchísimo municipios con menos recursos financieros que nuestra Ciudad Autónoma. A nadie hay que exigirle la originalidad, pero sí conocer lo que ya se está haciendo.

Es bueno, y casi un imperativo, que las autoridades sean receptivas a las sugerencias de los ciudadanos, pero no son los ciudadanos quienes tienen que liderar la agenda cultural, como tampoco se le exige que lideren la política tributaria del Gobierno de la Ciudad (basada en la subida constante de impuestos).

Tampoco es bueno intentar rebatir unas críticas sobre la idea de que el autor de esas críticas asiste o no a los actos organizados desde la Consejería de Educación, Cultura y Mujer. Basta con ver la ‘agenda cultural’ que la Consejería publica en la web oficial de la Ciudad para comprobar lo que es un panorama cultural desolador.

Oferta cultural

La oferta cultural de Ceuta es escasa y se centra en algunos acontecimientos, coincidentes con determinadas fiestas anuales, y una serie de actividades que se desarrollan rutinariamente. A pesar del amplio presupuesto que la Consejería competente tiene para traer a Ceuta propuestas artísticas de todo tipo, lo que se hace, con algunas excepciones dignas de alabanza, es repetir la plantilla de años anteriores con leves cambios.

El problema no es de dinero, pues se tiene y se gasta. El problema se sitúa en la capacidad de gestión, en tener los conocimientos y la iniciativa suficientes para crear un calendario cultural variado, de calidad y sin necesidad de aumentar el gasto en estos tiempos de dificultades presupuestarias. Hay precedentes en nuestra ciudad que demuestran que el trabajo, la inteligencia y unos recursos menos cuantiosos que los que tiene la Ciudad Autónoma hacen posible una oferta de interés.

Dentro de unas semanas, realmente no se sabe cuantas semanas, veremos la inauguración del ‘Auditorio del Revellín’, una demanda ciudadana que ha superado los intereses de muchos en desviar el emplazamiento de la finalidad cultural que le daba el Plan General de Ordenación Urbana.

Según han anunciado desde el Palacio de la Asamblea, la Consejería lleva meses preparando a conciencia el programa de actos de la inauguración. Eso está bien, pero inaugurar el auditorio no es el objetivo, sino el primer paso para llenarlo de contenido, durante muchos meses a lo largo del año. No tendría sentido que se inaugurara el ‘Auditorio del Revellín’ y se mantuviera cerrado hasta el concurso de agrupaciones del carnaval de ese año.

La impresión generalizada es que, desde la Consejería, no saben muy bien qué hacer con el ‘Auditorio’ si no es mandar al nuevo emplazamiento lo que ya se representa rutinaria y anualmente en el salón del actos del Instituto ‘Siete Colinas’. No tiene ningún sentido tener un espacio escénico de buen nivel para hacer lo que se venía haciendo. Como ya he dicho esto no es una cuestión de dinero, sino de inteligencia, algo que no abunda en el gobierno de Juan Vivas.

Que la administración autonómica invierta en cultura no es ningún despilfarro, siempre que lo gastado guarde una proporción ventajosa con lo ofrecido a los ceutíes. El acceso a la cultura en sus diversas manifestaciones forma parte del catálogo de derechos humanos desde que éste ha comenzado a ser formulado.

La acción de las autoridades públicas en materia cultural se encamina a facilitar el acceso de todas las personas, más allá de sus posibilidades económicas, a la cultura, porque los que tienen capacidad económica podrán acceder a estas manifestaciones enriquecedoras allí donde se den ya que pueden pagárselas, mientras que una buena parte de la población necesita del estímulo público para poder ejercer un derecho que como seres humanos les corresponde.

Vivir en una burbuja

Los recortes establecidos en el Real Decreto-Ley 8/2010 han sido vividos en nuestra ciudad como la entrada de Ceuta en la crisis que llevan padeciendo las economías capitalistas desde hace bastante meses. Parece como si hasta ahora hubiéramos vivido en una especie de paraíso económico, completamente ajeno a la realidad circundante y, de repente, nos la estuviéramos viendo con una realidad que creíamos impropia. Se ha dicho que los recortes han traído la crisis a nuestra ciudad, que parece que hasta ahora estaba en un esplendor absolutamente extraordinario.

No hay mentira mayor que ésta. Los recortes del Real Decreto-Ley sí van a tener un efecto negativo sobre el consumo en Ceuta (y sobre los consumos peninsulares en ocio de las clases más acomodadas), pero no se puede decir, en ningún momento, que sean los causantes de la crisis en Ceuta.

La principal característica que tiene la crisis en Ceuta es que ésta no ha comenzado cuando en el resto del país. Tampoco es que haya comenzado después. La crisis en Ceuta estalló antes que en el resto de España, si es que alguna vez dejamos de estar en crisis. Cuando la tasa nacional de paro estaba por debajo del 10%, en Ceuta superábamos el 20%.

Lo que sucede es que una parte de la población, la que siente que los efectos de la crisis comienzan ahora a sentirse en Ceuta, vive totalmente ausente de la realidad de muchos de sus vecinos. Hasta ahora ha habido una realidad compuesta de privaciones y desempleo, dificultades y escasez de oportunidades y otra realidad, la oficial y la que gusta que sea la única que se muestra, que afrontaba el futuro con la misma despreocupación que el presente.

El modelo económico ‘soviético’ que hemos vivido es profundamente injusto. Bajo la idea de que los recursos provenientes de los Presupuestos Generales del Estado, no hay problema y todo es prosperidad, se ha revelado una verdad que manifiesta la injusticia que recorre a amplios sectores de la sociedad, sectores mayoritarios.

Esta injusticia estructural se mantiene con la forma de una quietud cercana a la parálisis y de una sociedad a la que se procura adormecer con el lema de que estamos en la mejor de las situaciones posibles. Una sociedad a la que se le quiere engañar diciendo que aquí vivimos sin temor y con seguridad con el firme liderazgo de nuestras autoridades municipales. Una mentira tremenda, una falsedad dolosa, pues esa misma sociedad sabe que buena parte, si no la mayoría de sus miembros, tienen serias dificultades.

Quejarse de los recortes en el sector público como los causantes de la crisis en Ceuta es falso. En primer lugar porque en Ceuta nuestra crisis es anterior a la que se levantó por la quiebra del sistema financiero internacional. En segundo lugar porque se quiere exonerar de responsabilidades a los que han gestionado cuantiosos recursos económicos (de origen estatal y europeo) suficientes para haber capacitado a la sociedad ceutí y a sus ciudadanos para no depender únicamente de los recursos públicos y generar un sector privado.

Ceuta lleva demasiado tiempo en crisis y es una triste broma e incluso un insulto decir que por los recortes a los sectores inmediatamente dependientes de los Presupuestos, que son por lo general los mejor situados, entramos en crisis. Es una demostración de que muchos en nuestra ciudad viven en una burbuja, en un mundo soñado y no real, en el que los muchos ceutíes que lo pasan muy mal simple y llanamente no existen.

Lo que no quieren que veamos

El Gobierno de la Ciudad abrió, hace unos días, el tarro de las esencias para atacar a los varios centenares de parados que, diariamente, se manifiestan entre el Palacio Autonómico y la Delegación del Gobierno. Unas manifestaciones que van camino de los dos meses y que ponen en evidencia que Ceuta no es la imagen oficial y propagandística que el Gobierno de la Ciudad quiere proyectar a sus votantes: una Ceuta en la que no hay ningún problema realmente importante.

El derecho a manifestarse en un derecho fundamental amparado por la Constitución de 1978. El ejercicio de un derecho fundamental prevalece ante la propaganda del Gobierno de Juan Vivas y por mucho que ellos quieran no se pueden impedir ya que ni hay peligro de grave alteración del orden público y ni de comisión de delito. Casi dos meses de pacíficas manifestaciones demuestran que este peligro no existe.

El Gobierno de Juan Vivas, por boca de su inefable portavoz, ha acusado a los manifestantes de causar todos los males pasados, presentes y futuros. Unos manifestantes que pasan en unos pocos minutos por las vías (en su mayoría peatonales) del centro de la ciudad. Son acusados del caos circulatorio y del descenso de ventas de los comerciantes, pero sin valorar que en quince minutos no se produce ni lo uno ni lo otro.

El hecho de que los comerciantes vendan poco se debe a dos factores: el escaso nivel adquisitivo de buena parte de la población y el poco atractivo de los productos que ofrecen. El hecho de que el tráfico sea un caos es responsabilidad del Gobierno de la Ciudad que no ha sabido diseñar una estructura viaria sensata, establecer una red de transporte público digna del siglo XXI e incentivar la posibilidad de dejar el coche en casa.

No sé si es más lamentable que penoso, que Juan Vivas ataque a unas personas que quieren un trabajo y que les quiera quitar hasta el ejercicio de uno de los más antiguos derechos fundamentales: el derecho a manifestarse públicamente. No es por el bien de nosotros, por lo que hablan Juan Vivas y su inefable portavoz, sino por su propio bien político, por su permanencia en la poltrona.

Los derechos fundamentales, en la concepción que tiene de ellos el Gobierno de la Ciudad, están para no ser ejercidos. Los derechos fundamentales son lo que para ellos es la Constitución donde se encuentran: papel mojado. Los derechos fundamentales, en la concepción del “Vivismo”, solamente son correctamente ejercidos si con ello se contribuye al ridículo culto mesiánico del Presidente de la Ciudad.

En una ciudad tan asimétrica como la nuestra, donde en pocos kilómetros cuadrados, se concitan condiciones vitales tan diferentes, hay un amplio sector que vive el paro y las protestas desde una lejanía que se confunde con la indiferencia. Incluso habrá a quienes las manifestaciones les parezcan poco estéticas, por si las ve uno de esos turistas que nunca vienen (prefieren que el paro y la pobreza se esconda bajo la alfombra).

Las manifestaciones presentes no sólo son el ejercicio legítimo de un derecho fundamental, sino que son garantía de que cualquiera, cuando en conciencia lo considere oportuno, puede hacer lo mismo y no habrá Presidente, inefable portavoz o “replicante” de las consignas del Gobierno que se lo pueda impedir. El sitio para manifestarse es la calle, donde está realmente lo público, por más que duela al Presidente que las calles céntricas se les llene de personas sin empleo.

El Gobierno quiere controlar todo lo que que vemos, leemos y escuchamos. Quiere dar a los ciudadanos, cada día, la dosis de propaganda que tienen preparada. Que la realidad les salte en la cara y que se manifieste en la calle constituye un fallo de guión con el que no contaban.

Por una nueva oficina del INEM


Las manifestaciones de los parados de nuestra ciudad, en vez de disminuir por el paso del tiempo y la absoluta desidia de las autoridades nacionales y locales, se están acrecentando. Los parados que nadie quiere ver, que incluso algunos niegan, se están haciendo más y más presentes conforme pasan los días de movilizaciones y manifestaciones.

Los parados ceutíes no sólo son ignorados, sino que son maltratados por la autoridad de empleo, que mantiene una ridícula oficina de atención a los ciudadanos, donde hay que coger número y esperar tener suerte para ser atendido. Una oficina que no tiene ni una ventanilla de información, sino que solamente informa si se tiene número, lo cual acreciente aún más las esperas.

Lamentablemente, y debido al paro en nuestra ciudad, deberíamos estar reclamando una tercera oficina del INEM, pero no es así y nos tenemos que vernos forzados a pedir la segunda oficina que debería estar en funcionamiento desde hace mucho tiempo. Tenemos una única oficina que no está en condiciones, no tiene personal suficiente y hace que realizar las gestiones relativas al Servicio Público de Empleo se acerque a un castigo añadido al hecho de estar parado.