En el fútbol no hay jurado

El fútbol es un deporte muy sencillo en cuanto a la valoración de quien gana y quien pierde. Hay un marcador y gana quien marca más goles que su adversario. El empate es resuelto por los diversos sistemas de desempate.

Todo lo demás con lo que se rellenan cientos de páginas de periódicos y minutos en los medios audiovisuales no son más que comentarios al resultado o vacuidades, cuando no una inversión de lo que el fútbol y otros deportes de tanteo son.

La selección española está teniendo, hasta el día de hoy, una actuación más que mediocre en el Mundial de Sudáfrica. Ha ganado un partido y ha perdido otro, jugándose su clasificación en la última jornada. La situación es tan poco gloriosa que ganando no se tiene asegurado el primer puesto y ya todos estamos temiendo, con razón, un inoportuno cruce con Brasil.

Los resultados de los partidos no invitan a ningún optimismo y solamente un cambio radical puede devolvernos a la selección de la Eurocopa. Pero el tono de los comentarios deportivos no es éste, sino de exaltación de la selección: se agotan las palabras para calificar el preciosismo de los pases, para hablar de los ‘gestos técnicos’ y de la presunta superioridad de los nuestros sobre todas las selecciones no ya de este campeonato, sino de los anteriores y de los venideros.

Se genera la sensación de que en el fútbol los resultados, los goles, no importan, y que no son más que un torpe adorno que no debe servir para calificar el juego como bueno, regular o malo. Conforme avanza esta fase de grupos del Mundial tengo la impresión de que los medios españoles están inventando un nuevo deporte que no existía: el fútbol artístico.

En el fútbol artístico el resultado es absolutamente irrelevante, más bien es una pura excusa para todo lo demás. Lo importante es el tiempo de posesión, las veces que los jugadores se pasan el balón sin que lo toque un adversario o los ‘gorros’ y otra piruetas que se hagan en las jugadas (que no tienen que terminar en gol).

Evidentemente haría falta un jurado que valorase el juego en el fútbol artístico y es seguro que encontraríamos numerosos voluntarios entre nuestros comunicadores balompédicos. De hecho se podrían eliminar las porterías y la noble posición de portero. Los terrenos de juego podrían adoptar cualquier forma y los campeonatos cabría disputarlos en estudios de televisión, porque lo que importa es eso que llaman ‘técnica’ y no los goles.

Lo más surrealista de todo esto es que a la selección española le fallan dos elementos técnicos fundamentales: el control anterior al remate y el remate. Quien quiera creer que la selección tiene una gran calidad técnica, que lo haga, pero sin esos dos elementos no hay nada que hacer, salvo que se piense que los goles no son importantes.

El fútbol tiene una interpretación enormemente sencilla. Suiza demostró que el ‘talento’ de nuestra selección no fue capaz de abrir una magnífica defensa (hay que saber defender). Honduras nos enseñó que la diferencia entre su fútbol y el nuestro es solamente de dos goles.

Las victorias morales y las derrotas triunfales no pertenecen a los dominios del fútbol, sino al de las valoraciones cualitativas. Quien crea que debe ser campeón el que ‘juega mejor’, pese a su nula capacidad de meter goles, puede iniciar los trámites para crear un club de fútbol artístico, con la posibilidad añadida de que Juan Vivas sea generoso en la pertinente subvención.

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