Deuda municipal y beneficios ciudadanos

Ceuta tiene una de las mayores deudas municipales de España y el gobierno de Vivas se siente satisfecho por ello. 32.000.000.000 de pesetas (195.000.000 de euros) son un motivos de satisfacción. Dicen que se puede pagar y que no es nada, pero no deja de sorprender como otras corporaciones se esfuerzan por mantener su deuda lo más contenida posible. Deben ser esos munícipes unos inconscientes que privan a sus ciudadanos de los beneficios de una deuda tan monstruosa como la que padecemos los ceutíes.

El endeudamiento de las corporaciones locales puede ser un adecuado instrumento de inversiones en determinadas circunstancias. El problema que tiene Ceuta es que una cantidad tremenda de deuda no guarda relación con los servicios que muchos ciudadanos reciben y que distan de los servicios que los demás españoles dan por descontados y evidentes.

El servicio de transporte público, dejado de la mano de una concesión que va terminando sus décadas de vigencia, es una de las más importantes carencias de la ciudad. Las condiciones en las que se presta el servicio, la despreocupación del gobierno municipal por la seguridad del servicio y de los trabajadores, hacen poco justificable unos cuantos millones de esa deuda de la que Vivas y Márquez se sienten tan orgullosos.

La mayor parte de las calles y de la población de Ceuta tienen descuidadas sus calles, el alcantarillado que sirven a sus vivienda, sufren cortes de agua y de suministro eléctrico inopinados y continuos.

Los planes de inversión en las infraestructuras básicas se hacen sólo para el centro de la ciudad. Una ciudad con tan graves problemas en sus infraestructuras básicas tiene serias dificultades para justificar uno de los mayores endeudamientos de las corporaciones locales españolas.

Si contáramos con una administración eficiente, adecuada a los fines que debe perseguir y consiguiendo sensatamente sus objetivos, una parte de la deuda estaría justificada. Lo que tenemos es todo lo contrario: una administración absolutamente desorganizada, sin una clara delimitación de funciones, con órganos que se superponen los unos a los otros redoblando los gastos y disminuyendo proporcionalmente el rendimiento, empresas municipales que contratan sin criterio y que tienen un funcionamiento y un control infinitamente mejorable.

La estructura orgánica de la ciudad, la proliferación de la llamada “administración instrumental” y la ausencia absoluta de cualquier criterio racional a la hora de gestionar las empresas municipales hacen que la deuda ceutí sea todavía menos justificable.

El coste social y económico de la pésima gestión del gobierno de Juan Vivas se muestra en que tenemos la tasa de desempleo mayor de España y que el gobierno de la Ciudad no ha sido capaz, en muchos años, de atraer inversiones privadas relevantes a nuestro territorio. Lo suyo ha sido pedir ingentes cantidades de dinero para gastar aún más del que tienen, generando una deuda que va a hipotecar a las futuras corporaciones y a impedir que los que les sucedan puedan hacer algo.

La deuda de Ceuta es una deuda que solamente ha sufragado el despilfarro, la ostentación y los gastos superfluos. Ha financiado una política de plazos cortos destinadas únicamente a livianas satisfacciones que lleven al voto. La deuda no ha servido para que los emprendedores emprendan, para que los trabajadores puedan hacerlo y si lo hacen con dignidad o para que haya una serie de servicios imprescindibles.

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