Nancy Pelosi

La Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha aprobado la reforma sanitaria. Una votación fundamental la del domingo pasado, ya que el procedimiento por el que se ha optado, el de la reconciliación, permite que el Senado apruebe la ley con un debate máximo de treinta horas y sin necesidad de recurrir a la mayoría reforzada de sesenta senadores (son cien en total).

La última vez que me referí a este apasionante tema decía que en esta ley se iba a ver todo el juego de la política norteamericana en su plenitud. No se han decepcionado las expectativas y, cuando ya había comenzado el debate previo a la votación en la Cámara, todavía continuaban las negociaciones.

Los especialistas en política estadounidense, además del obvio liderazgo del Presidente Obama y de la labor de su equipo, señalan unánimemente el papel desarrollado por la “Speaker” de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

El Partido Demócrata no había descubierto las indudables ventajas políticas que tiene el mantenimiento de cierta disciplina de partido y la importancia de que el principal recaudador de fondo electorales sea el Partido y no los candidatos. Esto ha hecho del Partido Demócrata un ejemplo de partido indisciplinado, incapaz de desarrollar una agenda suficientemente coherente cuando contaba con mayoría en el Congreso y albergar, en su seno, al menos a dos partidos diferentes (uno conservador y otro liberal, en el sentido que allí se le otorga a este término).

Desde los años ochenta una fuerte tendencia conservadora recorrió los Estados Unidos. Ello provocó que buena parte de los demócratas, para conservar sus escaños, se plegara a la fácil retórica de la Derecha norteamericana y que los candidatos liberales sólo fueran electoralmente viables en determinadas zonas de Nueva Inglaterra.

Nancy Pelosi fue elegida por primera vez para la Cámara de Representantes en 1987 (tomó posesión en 1988) y desde entonces, cada dos años, ha renovado su mandato por el octavo distrito de California (que se corresponde con la ciudad de San Francisco). Nancy Pelosi siempre ha pertenecido al ala liberal de los demócratas, los mismos que han conseguido arrebatar California a los republicanos cuando parecía prácticamente imposible tras dar dos presidentes (Nixon y Reagan) en los últimos tiempos.

Nancy Pelosi ha liderado a los demócratas hasta la victoria electoral en las legislativas de 2006, donde barrieron literalmente a los republicanos, y a la segunda y sonora victoria que coincidió con la elección presidencial de Barack Obama. Reconstruyó la debilitada moral de muchos demócratas y mostró que ser consecuente con las propias ideas, en vez de esconderlas, es la mejor forma de hacer política y de dar una opción a los muchos electores que no son y ni serán conservadores.

Los dos últimos años del Presidente George W. Bush se enfrentaron a la disciplina que Pelosi le dio a los representantes demócratas, que hasta entonces habían sido el elemento más volátil de la política norteamericana. Se publicaron rankings de voto de los representantes respecto a la línea marcada por la dirección demócrata, para que los electores de cada distrito pudiesen conocer fácilmente cual era el comportamiento concreto de su electo respecto a la “plataforma” (programa) con la que se había comprometido. A ello se sumó el control financiero del DNC sobre los fondos electorales.

Esta disciplina y el carisma proporcionados por Nancy Pelosi han hecho posible que los demócratas del siglo XXI hayan sido capaces de aprobar lo que no consiguieron eminentes presidentes y cámaras con mayorías atronadoras de un partido.

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2 Respuestas a “Nancy Pelosi

  1. coincidirás conmigo Manué, que una de las cosas más apasionantes de la política estadounidense es precisamente esa indisciplina de los representantes de ambos partidos, demócrata y republicano y la posibilidad de que voten en función de lo que le exigen sus votantes y no de lo que le exige su partido. Y eso no es bueno que se pierda, aunque en casos como este me alegro

  2. manuelcalleja

    Más bien votan según los intereses de las empresas que pagan los costosas y casi permanentes campañas electorales.

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