Alumbrado navideño y racionalizaciones

Uno de los símbolos externos más claros que han llegado las fiestas navideñas, aparte de la aparición de los productos tradicionales y la compra masiva de fármacos contra el empacho, es el alumbrado navideño.

A mí me encanta que las calles estén alumbradas, que brillen, que estas luces sean bonitas y que, cada año, haya algo nuevo de contemplar, algo ingenioso o que se destaque un rincón de nuestras calles que en el trasiego diario no nos paramos a apreciar.

Disfruto del alumbrado y creo que no soy el único. Defiendo que se ponga por el único motivo de que a mí y a otros muchos conciudadanos más nos produce un deleite estético, nos da optimismo en mitad del frío que poco a poco va entrando y nos da una estupenda excusa para mirar hacia arriba.

Los motivos hay que tenerlos claro y la jerarquía de valores y de prioridades también. Personalmente no tengo ninguna dificultad en decir que poner alumbrado navideño es bueno porque a mí y a muchos nos gusta y no me entretengo buscando una serie de excusas que tiñan de objetiva necesidad lo que no es más que una preferencia personal y un gusto subjetivo.

Lo sí me inquieta, y mucho, son esas personas que quieren justificar una preferencia o una gusto personal con una serie de dogmas que nadie se ha molestado en comprobar de una forma empírica y con una metodología válida.

Se nos dice que el alumbrado navideño dinamiza el comercio y hace que gastemos más. No se molesten en buscar estudios que lo demuestren porque sencillamente no los hay. Nadie ha cogido dos calles homogéneas en una misma ciudad y a una le ha puesto alumbrado y a otra no y ha repetido ese experimento varios años y en numerosas poblaciones. Solamente así podríamos obtener datos fiables sobre la incidencia del alumbrado en la actividad económica.

Y este estudio sería importante porque si se argumenta que el alumbrado no se hace por gusto, sino que se hace por dinamizar el comercio, un dinero destinado a la ornamentación pasaría ser considerado como una inversión económica y las inversiones hay que valorarlas, es decir, hay que saber cuánto produce cada euro que se gasta. Además, si así fuera, no estaría de más que los comerciantes también colaborasen.

El hecho de reconocer que el gasto en alumbrado navideño se justifica estéticamente, permite también darle su lugar en las prioridades del gasto público. Que Ceuta sea la segunda ciudad de España en gasto de alumbrado navideño creo que es un precio demasiado alto para que yo y otros de similar gusto paseemos en pleno arrobo estético por las calles cuando la noche ya ha caído.

Mis gustos y los de otros están por debajo de las necesidades objetivas de muchos y más cuando nuestraciudad está también a la cabeza de paro y de personas bajo el umbral de la pobreza.

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