“De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso”

Con estas palabras, atribuidas a un general francés, quiero poner de manifiesto una situación que en política se da como pauta general: nadie está seguro y lo que es un momento de exaltación, puede ser simultáneamente el primer síntoma de la decadencia.

En el reparto de poder que había en la Ciudad, hasta los últimos y graves acontecimientos, se mantenía un difícil equilibrio entre quien poseía los resortes y quien era imprescindible para el triunfo electoral. La parte débil, como ya indiqué, ha pasado a ser no la parte fuerte, sino la única parte.

Los modos pequeño-imperiales no han tardado en aparecer en forma de entrevista en “Teleceuta”. El Presidente respondió a las preguntas no con la suficiencia de quien sabe lo que tiene que decir, sino con la desgana de quien considera que eso no era más que un trámite para el maquillaje de su silencioso y poco comportamiento las pasadas semanas.

Se siente en el poder absoluto, pero el poder absoluto del que él dispone es muy pequeño. Insistió en verse como alcalde y en el fondo Vivas es un alcalde que acaba de hacerse con una dirección municipal del Partido Popular. Y en ese Partido, grande y complejo, su figura pasa de la irrelevancia a la incomprensión.

Con objetivos únicamente electoralistas y personalistas, Juan Vivas rompió la disciplina de voto del Partido Popular en el Consejo que aprobó la nueva financiación autonómica. Muchos populares se sorprendieron que diera tal aval al Gobierno socialista a cambio de tan poco, de forma que los pocos que lo conocen dentro del aparato del Partido Popular es probable que le tengan en una muy escasa consideración y menos estima.

Él podrá dar argumentos enrevesados, pero la política es sumamente fácil. No se consiente a nadie que haga eso y puede que a otros se les perdonen desplantes, declaraciones y gracietas, pero Juan Vivas no es ni Aguirre, ni Camps, por más de que a este lado del Estrecho quieran vendérnoslo como una figura con proyección.

La actual situación puede inducirle a cometer errores, como los de la entrevista televisiva. En su afán sin fin de acaparar la palabra, hacer intervenciones eternas y evitar más preguntas, habló mucho, cuando su credibilidad se hubiera reforzado con otro tipo de respuestas. Pero eso es una cuestión que deberían haberle indicado el tropel de asesores que paga con nuestro dinero.

Juan Vivas ha de ser consciente de que el mínimo traspié, quizá el más nimio de su carrera política, puede suponerle una caída tan fulminante como la que ha tenido Pedro Gordillo. No representa mucho dentro del PP nacional, que ganaría fácilmente el diputado y los dos senadores sin él, y como ha demostrado la experiencia se puede prescindir de algún líder periférico para dar un escarmiento a los demás en cabeza ajena.

Quizá habría que recordarle a Vivas aquello que se le decía a los generales romanos a los que se les concedía celebrar el triunfo dentro del “pomerium” de Roma: “recuerda que eres humano”. O tomando prestado la frase de una obra de Nietzsche también cabría decirle: eres “humano, demasiado humano”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s