Astroturfing

El otro día Ignacio Escolar, ex director de “Público” y uno de los blogueros más seguidos de España, hablaba en su cuenta de Twitter de que acababa de descubrir el término “astroturfing” para describir determinados comportamientos publicitarios y de propaganda.
El “astroturfing” es una práctica que se basa en crear la sensación de que hay mucha gente, sin interés personal y directo en un tema, que se manifiesta en un sentido muy concreto, evidentemente a favor o en contra de una de las tomas de posturas determinadas.
Imagínemosnos que existiera un proyecto muy concreto que pudiera ser contrario a los intereses de una empresa o de un grupo de ellas. Es evidente que todo lo que diga esa empresa y llegue a los ciudadanos siempre va a ser “puesto en cuarentena” ya que es un argumento de parte. Por lo que la empresa tiene que buscar “portavoces” independientes. Aquí comienza el “astroturfing”.
Estos “portavoces” no son independientes ni nada que se les aproxime. Pertenecen a la disciplina de comunicación de esa empresa y la seguirán punto por punto. Su independencia es apariencia, puede que muy bien construida y mejor llevada, pero más falsa que los billetes de quince euros.
Entonces comienzan las llamadas a los programas radiofónicos de anónimos ciudadanos que quieren manifestarse sobre el problema en cuestión o bien se inundan los periódicos de “cartas al director” en el sentido querido por la empresa, pero escritas de tal modo para que, sólo el que sabe algo, se dé cuenta de que fueron redactadas en un departamento de comunicación.
¿Qué se busca? Se busca que el oyente radiofónico o el lector de la prensa piense que hay mucha gente en contra, que la mayoría está en contra y que, por tanto, sus razones tienen que tener. Unidos todo ello al efecto magnético que tiene la cantidad sobre las personas, puede que de la sensación se pase a la comunión con lo mantenido.
Pero no sólo se quiere influir en el oyente o en el lector, sino también en quien tiene que tomar esa hipotética decisión, intentando hacerle ver que hay una mayoría social que está en contra de que ese proyecto se ejecute. Si el responsable de la decisión no cae en la cuenta, puede sentir una presión social ficticia. También cabe la publicación de encuestas con respuestas inducidas o directamente prefabricadas, pero allí nos adentraríamos aún más en el terreno del fraude..
Y no se crean ustedes que hacer esto es difícil. Yo he visto varias de estas campañas de “astroturfing” y cuestan relativamente poco y pueden, llegado el caso, ser enormemente eficaces. Se necesitan algunas personas, a las que se puede remunerar o no, y que o pongan su nombre o puntualmente hablen en una emisora de radio o de televisión. Eso sí, una campaña de astroturfing requiere mucha constancia, hasta la saturación y, sobre todo, no ser detectada.
También es parte del “astroturfing” el empleo de asociaciones, corporaciones o cualquier entidad no física para arrogar mucha más autoridad y representación a un grupo de personas que no la tienen. Por ejemplo, si yo y dos amigos más fundáramos la “asociación de columnistas ceutíes” podríamos intentar hablar en nombre de “los columnistas ceutíes”, lo cual suena mucho mejor, cuando realmente sólo nos representamos a nosotros mismos.
Muchas veces algo no se detecta porque no se sabe que se hace. Basta conocer que existen determinadas prácticas como para rebajar sustancialmente la eficacia de éstas, porque el “astroturfing” se basa en el desconocimiento. Para terminar quisiera señalar que este artículo no pretende levantar una reserva general sobre las expresiones ciudadanas en los medios, sino sólo drt un aviso a quienes las quieren manipular.

El otro día Ignacio Escolar, ex director de “Público” y uno de los blogueros más seguidos de España, hablaba en su cuenta de Twitter de que acababa de descubrir el término “astroturfing” para describir determinados comportamientos publicitarios y de propaganda.

El “astroturfing” es una práctica que se basa en crear la sensación de que hay mucha gente, sin interés personal y directo en un tema, que se manifiesta en un sentido muy concreto, evidentemente a favor o en contra de una de las tomas de posturas determinadas.

Imagínemosnos que existiera un proyecto muy concreto que pudiera ser contrario a los intereses de una empresa o de un grupo de ellas. Es evidente que todo lo que diga esa empresa y llegue a los ciudadanos siempre va a ser “puesto en cuarentena” ya que es un argumento de parte. Por lo que la empresa tiene que buscar “portavoces” independientes. Aquí comienza el “astroturfing”.

Estos “portavoces” no son independientes ni nada que se les aproxime. Pertenecen a la disciplina de comunicación de esa empresa y la seguirán punto por punto. Su independencia es apariencia, puede que muy bien construida y mejor llevada, pero más falsa que los billetes de quince euros.

Entonces comienzan las llamadas a los programas radiofónicos de anónimos ciudadanos que quieren manifestarse sobre el problema en cuestión o bien se inundan los periódicos de “cartas al director” en el sentido querido por la empresa, pero escritas de tal modo para que, sólo el que sabe algo, se dé cuenta de que fueron redactadas en un departamento de comunicación.

¿Qué se busca? Se busca que el oyente radiofónico o el lector de la prensa piense que hay mucha gente en contra, que la mayoría está en contra y que, por tanto, sus razones tienen que tener. Unidos todo ello al efecto magnético que tiene la cantidad sobre las personas, puede que de la sensación se pase a la comunión con lo mantenido.

Pero no sólo se quiere influir en el oyente o en el lector, sino también en quien tiene que tomar esa hipotética decisión, intentando hacerle ver que hay una mayoría social que está en contra de que ese proyecto se ejecute. Si el responsable de la decisión no cae en la cuenta, puede sentir una presión social ficticia. También cabe la publicación de encuestas con respuestas inducidas o directamente prefabricadas, pero allí nos adentraríamos aún más en el terreno del fraude..

Y no se crean ustedes que hacer esto es difícil. Yo he visto varias de estas campañas de “astroturfing” y cuestan relativamente poco y pueden, llegado el caso, ser enormemente eficaces. Se necesitan algunas personas, a las que se puede remunerar o no, y que o pongan su nombre o puntualmente hablen en una emisora de radio o de televisión. Eso sí, una campaña de astroturfing requiere mucha constancia, hasta la saturación y, sobre todo, no ser detectada.

También es parte del “astroturfing” el empleo de asociaciones, corporaciones o cualquier entidad no física para arrogar mucha más autoridad y representación a un grupo de personas que no la tienen. Por ejemplo, si yo y dos amigos más fundáramos la “asociación de columnistas ceutíes” podríamos intentar hablar en nombre de “los columnistas ceutíes”, lo cual suena mucho mejor, cuando realmente sólo nos representamos a nosotros mismos.

Muchas veces algo no se detecta porque no se sabe que se hace. Basta conocer que existen determinadas prácticas como para rebajar sustancialmente la eficacia de éstas, porque el “astroturfing” se basa en el desconocimiento. Para terminar quisiera señalar que este artículo no pretende levantar una reserva general sobre las expresiones ciudadanas en los medios, sino sólo drt un aviso a quienes las quieren manipular.

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Una respuesta a “Astroturfing

  1. Astroturfing! Qué curioso nombre para algo tan cotidiano en la Satrapía…

    Me ha gustado mucho su artículo D. Manuel. Un abrazo desde el Averno…

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