Operaciones varias

La financiación autonómica ha sido uno de los temas que más páginas en los periódicos y minutos en los medios audiovisuales ha ocupado en las últimas semanas. Este tema puede enfocarse desde dos perspectivas, una caricaturesca y otra realista.
La perspectiva caricaturesca es la que ha descrito el proceso de negociación y de aprobación del nuevo modelo de financiación como una lucha de los “pérfidos catalanes” contra las restantes autonomías. Es la que el PP ha mostrado en busca de réditos electorales. Ésta tiene la ventaja de ser fácilmente vendible, ya que exacerba los sentimientos más bajos, especialmente el victimismo.
La otra perspectiva es la que se atiene a datos y cuestiones técnicas y que sabe que en la negociación de la financiación no se trata de lo mal que les vaya a los catalanes, porque igualmente les puede ir fatal y la comunidad a la que se representa correr la misma suerte.
El papel de Ceuta en esta negociación ha sido peculiar, porque ha sido la única autonomía gobernada por el PP en solitario que ha votado a favor, junto con Canarias (gobernada por el PP con los nacionalistas canarios) y las autonomías regidas por el PSOE.
El gobierno de la Ciudad se ha lanzado a decir que ellos no hacen política de partido y que el acuerdo era bueno para Ceuta. No dudo que el acuerdo fuera bueno para Ceuta, pero el gobierno de la Ciudad no lo ha aceptado por “interés general”, como a ellos le gusta decir, sino porque están hasta el cuello. La Ciudad no tiene un euro.
El ahogo económico ha hecho que el gobierno de Vivas vote a favor del acuerdo con la corta subida de un millón y medio de euros sobre la propuesta inicial, porque cuanto antes se pusiese el nuevo mecanismo en funcionamiento, en menos tiempo podrían coger los quince millones anuales e ir tapando los agujeros que su nefasta gestión ha provocado.
No sé si una mayor fuerza en la negociación y estar menos desesperado por tener dinero fácil y rápido hubieran tenido un mayor éxito (me temo que sí), pero la realidad es que los negociadores ceutíes estaban con el agua al cuello y eso lo sabían en el Ministerio de Hacienda, que no en vano nos ha puesto como el según municipio con más deuda por habitante de España.
Uno de los puntos más importantes para la financiación de nuestra administración autonómica es la compensación del IPSI. Dicho sintéticamente: cada año se aprueba una estimación de los ingresos del IPSI que le corresponderían a la Ciudad, de forma que el Gobierno de España compensa lo no recaudado (que es la mayor parte).
El problema de este modelo de compensación es que las liquidaciones se producen a intervalos muy grandes de tiempo, de forma que la Ciudad se ve forzada a hacer las celebérrimas “operaciones de tesorería” en las que pide préstamos a corto plazo para afrontar sus pagos mientras se produce la liquidación.
Estos préstamos se llevan una parte de la liquidación, ya que hay que pagar intereses y otros gastos bancarios. La situación es como si a los trabajadores nos pagasen cada seis meses y tuviéramos que pedir un préstamo por nuestro sueldo de seis meses. Cuando llegase la nómina iría íntegra al pago del préstamo, sus intereses y costes, teniendo que pedir un nuevo préstamo.
Sería deseable que la periodicidad de la liquidación de la compensación por el IPSI fuese menor evitándole a las arcas un esfuerzo para tener a tiempo un dinero que, al final, se termina teniendo.

La financiación autonómica ha sido uno de los temas que más páginas en los periódicos y minutos en los medios audiovisuales ha ocupado en las últimas semanas. Este tema puede enfocarse desde dos perspectivas, una caricaturesca y otra realista.

La perspectiva caricaturesca es la que ha descrito el proceso de negociación y de aprobación del nuevo modelo de financiación como una lucha de los “pérfidos catalanes” contra las restantes autonomías. Es la que el PP ha mostrado en busca de réditos electorales. Ésta tiene la ventaja de ser fácilmente vendible, ya que exacerba los sentimientos más bajos, especialmente el victimismo.

La otra perspectiva es la que se atiene a datos y cuestiones técnicas y que sabe que en la negociación de la financiación no se trata de lo mal que les vaya a los catalanes, porque igualmente les puede ir fatal y la comunidad a la que se representa correr la misma suerte.

El papel de Ceuta en esta negociación ha sido peculiar, porque ha sido la única autonomía gobernada por el PP en solitario que ha votado a favor, junto con Canarias (gobernada por el PP con los nacionalistas canarios) y las autonomías regidas por el PSOE.

El gobierno de la Ciudad se ha lanzado a decir que ellos no hacen política de partido y que el acuerdo era bueno para Ceuta. No dudo que el acuerdo fuera bueno para Ceuta, pero el gobierno de la Ciudad no lo ha aceptado por “interés general”, como a ellos le gusta decir, sino porque están hasta el cuello. La Ciudad no tiene un euro.

El ahogo económico ha hecho que el gobierno de Vivas vote a favor del acuerdo con la corta subida de un millón y medio de euros sobre la propuesta inicial, porque cuanto antes se pusiese el nuevo mecanismo en funcionamiento, en menos tiempo podrían coger los quince millones anuales e ir tapando los agujeros que su nefasta gestión ha provocado.

No sé si una mayor fuerza en la negociación y estar menos desesperado por tener dinero fácil y rápido hubieran tenido un mayor éxito (me temo que sí), pero la realidad es que los negociadores ceutíes estaban con el agua al cuello y eso lo sabían en el Ministerio de Hacienda, que no en vano nos ha puesto como el según municipio con más deuda por habitante de España.

Uno de los puntos más importantes para la financiación de nuestra administración autonómica es la compensación del IPSI. Dicho sintéticamente: cada año se aprueba una estimación de los ingresos del IPSI que le corresponderían a la Ciudad, de forma que el Gobierno de España compensa lo no recaudado (que es la mayor parte).

El problema de este modelo de compensación es que las liquidaciones se producen a intervalos muy grandes de tiempo, de forma que la Ciudad se ve forzada a hacer las celebérrimas “operaciones de tesorería” en las que pide préstamos a corto plazo para afrontar sus pagos mientras se produce la liquidación.

Estos préstamos se llevan una parte de la liquidación, ya que hay que pagar intereses y otros gastos bancarios. La situación es como si a los trabajadores nos pagasen cada seis meses y tuviéramos que pedir un préstamo por nuestro sueldo de seis meses. Cuando llegase la nómina iría íntegra al pago del préstamo, sus intereses y costes, teniendo que pedir un nuevo préstamo.

Sería deseable que la periodicidad de la liquidación de la compensación por el IPSI fuese menor evitándole a las arcas un esfuerzo para tener a tiempo un dinero que, al final, se termina teniendo.

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