Sin mezclar las cosas

Mezcla
El domingo se celebraron las Elecciones al Parlamento Europeo que determinaron los cincuenta representantes españoles en esta institución comunitaria. El Partido Popular venció, consiguiendo veintitrés eurodiputados, frente a los veintiuno del Partido Socialista. Ha sido un triunfo claro del PP, aunque el PSOE ha aguantado el tipo en lo que era una coyuntura realmente difícil.

Los comicios eran para elegir los parlamentarios europeos y en esta perspectiva hay que analizarlos. Esto no quiere decir que no quepa lectura en clave de política nacional de los resultados, que la hay e incluso es interesante.

Por mucha lectura interna que se quiera hacer, lo que no se puede es decir que el resultado de unas elecciones sirve para lo que no sirve. Las Elecciones al Parlamento Europeo no son un plebiscito, porque ni están configuradas como tales y tomarlas así sería una fraude para los que decidieron votar siendo conscientes de que los plebiscitos no existen en nuestro ordenamiento. A quienes les gusten, pueden irse a Venezuela donde su Presidente siente una desmedida emoción por los plebiscitos.

Tampoco las Elecciones al Parlamento Europeo son una cuestión de confianza. Éste es un mecanismo parlamentario al que el gobierno se somete voluntariamente. Decide hacerlo si lo considero oportuno.

En el caso de que el gobierno no lo considere oportuno, siempre cabe que la oposición presente una moción de censura, que necesitaría ciento setenta y seis diputados para prosperar. Nuestro sistema establece que, junto a la moción de censura, hay que presentar un candidato a la Presidencia que, en caso de conseguir ésta la mayoría exigida, es investido automáticamente. Esto quiere decir que además del acuerdo para desalojar al gobierno ejerciente, hay que tenerlo también para que el candidato alternativo sea Presidente y forme gobierno.

Las Elecciones al Parlamento Europeo, ni ningunas elecciones, tampoco son un jurado popular que decida sobre la inocencia o culpabilidad de persona alguna. Juzgar es cosa de los tribunales y la participación de los ciudadanos es a través de la institución del jurado, prevista para determinados delitos. No se dirime judicialmente nada con la suma de los votos para elegir eurodiputados.

Otro peligro es hacer extrapolaciones. La comparación de votos sí puede manifestar determinadas tendencias, pero desde luego nada concluyentes por muy buenos que sean los métodos estadísticos, porque luego llega la dura realidad y te dice que los ciudadanos cambian de criterio en cada convocatoria electoral y que, además, tus estadísticas le importan algo menos que un pimiento.

Los datos de estas Elecciones al Parlamento Europeo hay que considerarlos en una primera instancia como tales, posiblemente anunciadores de una tendencia política, descontando el efecto de la alta abstención (menos de la esperada) y como un paso más de este “espectáculo sin fin” que es la política. Quien quiera ver cosas más allá, legitimaciones que no existen, confianza a candidatos que no se presentaron o certificaciones de estrategias irreales que lo haga, ya que al final vendrá la realidad a dar y a quitar razones e ilusiones.

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