Solidaridad, impuestos y consumo

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Muy en la línea del PP, la propuesta del nuevo Régimen Económico y Fiscal se centra en la idea de que una disminución indiscriminada de los impuestos va a generar una dinámica positiva dentro de la economía ceutí, haciéndola salir de su letargo.

Durante varias semanas he indicado lo inadecuado de esta medida en términos generales, especialmente cuando nos encontramos en una situación económica en la que el Estado es el actor económico que tiene que romper con la ausencia de liquidez. Para que el Estado pueda actuar y para que su actuación no genere un déficit más que excesivo, es necesario que éste cuente con unos ingresos suficientes. Una reducción indiscriminada de los impuestos no va a producir ese efecto, sino que se destinará al ahorro a causa del clima de desconfianza que padecemos.

Lo que es erróneo en la economía de un país se transforma en fatal cuando hablamos del tejido económico de una sola ciudad, como la nuestra. La bajada de impuestos de una forma lineal para los ceutíes no sólo tendría que ser pagada por los demás españoles, sino que tendría un efecto prácticamente nulo si se refiere a la repercusión en el consumo local, salvo cuando la bajada se centra en los sectores con menor renta.

Los sectores con menor renta son los que tienen que recortar más sus gastos y, por tanto, consumir menos. El margen de consumo que tienen es sumamente estrecho, de forma que un incremento de la renta disponible sí podría aumentar el consumo. La consecuencia es que una reducción impositiva debería centrarse en los tramos con menos renta, no sólo para ayudar a estos ciudadanos, sino porque ellos sí consumirían en nuestra ciudad, beneficiando a ésta en términos generales.

Bajar los impuestos indiscriminadamente no es sensato ni decente. No es sensato porque una significativa parte de la población ceutí tiene unas remuneraciones buenas provenientes de su condición de empleado público, con la seguridad que esto da, y porque no irían al consumo en Ceuta, sino al ahorro o al consumo fuera de Ceuta. La consecuencia es que una medida a favor de la economía ceutí se transformaría en una medida que dejaría más dinero libre para ser gastado en la Península.

No es una medida decente porque ignora la actual situación económica y la lacerante situación que muchos españoles están pasando y en que la otros muchos pueden encontrarse en unas semanas y meses. No es decente y es un atentado contra la justicia que de los impuestos de parados y mileuristas peninsulares salga el dinero para financiar la reducción de impuestos a personas que ganan más de 30.000 euros al año.

Que nuestro condicionamiento geográfico es desfavorable, cierto e incuestionable, pero tampoco es absoluto. Existen muchas circunstancias que exigen la solidaridad de los ceutíes para con el conjunto de España y de los españoles.

En España hay millones de personas que viven con un fuerte condicionamiento que no es geográfico sino de otra naturaleza, pero no por ello son menos desfavorables. La difícil situación de familias, de trabajadores, de los más de tres millones de parados y de dependientes merece algo más que le pasemos la factura de un quimérico proyecto de recuperación económica que solamente quiere conseguirse haciéndole pagar la factura a los más desfavorecidos.

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