Deudas municipales y crisis

Un grupo de técnicos de Hacienda ha publicado un informe sobre los retrasos en el pago que las distintas administraciones tienen con las empresas con las que contratan. Es un tema endémico de nuestra administración, que se ha cifrado para Ceuta en 26 millones de euros, aunque los datos parecen que corresponden a hace unos años. Nada hace pensar que esa deuda haya disminuido.

Uno de los principales problemas que tienen las empresas en esta crisis es conseguir que, quienes les adeuden, paguen y así poder ellas afrontar los pagos que tienen pendientes, tanto a sus trabajadores como a sus propios proveedores. Las empresas acumulan deudas las unas con las otras en un círculo vicioso que está llenando las listas del paro y los juzgados de lo mercantil.

Como ya he indicado en algunos de estos artículos, estos círculos tienen que ser rotos por quien puede y, en las actuales circunstancias, solamente lo pueden hacer el Estado y sus diversas administraciones públicas. Dos son los medios: las transferencias directas y los contratos públicos.

El hecho de que las administraciones públicas deban inmensas cantidades de dinero a las empresas que han contratado con ellas no solamente es grave en lo que respecta al normal cumplimiento de las obligaciones, sino que lleva a numerosas empresas al  cierre.

Ceuta no es una excepción en este estudio. La deuda se acercaba al 10% del presupuesto en el momento estudiado, con lo que el tamaño y la importancia de este problema son fácilmente apreciables. La Ciudad Autónoma introduce a muchas empresas en una dinámica peligrosa, porque éstas para cumplir con su contrato tienen que afrontar inversiones que no se ven siquiera compensadas por el pago del precio.

La responsabilidad en la crisis económica no estriba principalmente en anunciar medidas o medidillas, en hacer cartas a los reyes magos o querer tener un papel de salvador. La Ciudad debe olvidarse de todo este tipo de actuaciones, habituales en ella, y ponerse a hacer las cosas bien de una vez.

El pago a las empresas que contratan con la Ciudad debe ser una de las prioridades, porque es la mejor manera de hacer que la economía y el empleo funcionen y no se paralicen. Las empresas necesitan liquidez y la Ciudad tiene que inyectarle esa liquidez, no porque sea un regalo, sino porque es el justo pago a las obras y servicios realizados.

La seriedad, siempre necesaria, se hace ahora perentoria. Sin seriedad no se generará la precisa confianza entre los agentes económicos y sociales para que el empleo y las inversiones caigan lo menos posible en el contexto de crisis económica y financiera internacional que vivimos.

Las empresas solucionaban antes estos problemas consiguiendo liquidez a través de los bancos y compensando el interés con el que la Ciudad tenía que abonarles, pero ahora, cuando el dinero rápido y fácil es un recuerdo del pasado, el dinero adeudado por la Ciudad puede ser la causa del cierre de muchos negocios, de la ruina de muchas familias y de que el futuro se les precluya a muchos de los trabajadores.

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