2 de septiembre de 2011. Ucronía

La celebración del ‘Día de Ceuta’ tenía la particularidad de ser la primera en la que el día no era festivo, sino laborable. Pero la realidad ha superado a las pequeñas anécdotas de calendario y el ‘Día de Ceuta’ de 2011 se ha caracterizado por estar acompañado por los pitos de unas treinta personas pidiendo la dimisión del Presidente de la Ciudad, Juan Vivas.

Los gritos, pitidos y abucheos no han parado hasta que la Unidad de Intervención Rápida (UIR) de la Policía Local desalojó a este grupo de personas, permitiendo de esta forma que el acto pudiera proseguir con total normalidad.

Las diversas autoridades han coincido en valorar negativamente estos hechos, ya que consideran que es un atentado contra el normal desarrollo de la vida de las instituciones democráticas y que boicotear un acto de la Ciudad no es la mejor forma de expresar las discrepancias. Además, unánimemente han manifestado que la intervención de la UIR ha sido necesaria porque no es de recibo que se aprovechen actos, que son de todos, para llevar a cabo una manifestación encubierta.

Juan Vivas recorta las pensiones

Ayer la prensa local publicaba que los trabajadores municipales, a través de los representantes sindicales de CCOO, han denunciado ante la Inspección de Trabajo y ante la Tesorería General de la Seguridad Social que el Gobierno de Juan Vivas ha reducido las bases de cotización de los empleados municipales en la misma proporción en la que han reducido los salarios.

La norma que ordenaba y habilitaba esta reducción, el Real Decreto-Ley 8/2010, excluía expresamente la reducción en las bases de cotización, de manera que se puede afirmar que esta reducción de las bases de cotización y del dinero que la Ciudad ingresa a la Seguridad Social por sus trabajadores es indebida.

Esta bajada en las bases de cotización y en los ingresos en la Seguridad Social afecta directamente a los derechos de jubilación, y a otras prestaciones, que se calculan tomando como base estas cotizaciones. De esta forma el gobierno de Vivas está perjudicando lo que, en el futuro, los empleados municipales van a cobrar como pensión de jubilación.

A la hora de escribir este artículo no se conoce la reacción de la Ciudad a esta denuncia de CCOO, por lo que no se pueden valorar sus palabras, pero en todo caso hay que observar que caben dos posibilidades: que esto sea un error o que sea intencional.

Si es un error, éste es de tal tamaño, importancia y trascendencia que hay que depurar responsabilidades en quien corresponde, que no es otro que el consejero Paco Márquez, que debería dimitir o ser cesado, y de camino renunciar al acta en el Congreso de los Diputados que parece que le está esperando. Aún siendo un error la situación se agrava porque no ha sido advertida por nadie hasta que los sindicatos han llevado la reducción a las autoridades laborales y sociales.

Si la reducción se ha hecho a sabiendas de que no era conforme al Real Decreto-Ley entraríamos en otro terreno y correspondería a los juzgados del orden jurisdiccional penal decidir sobre lo que ha sucedido.

La situación en la administración de la Ciudad Autónoma ha pasado ser patética a dantesca. Las arcas casi vacías y el poco dinero que se puede extraer de ellas se dedica a comprar cuadros en galerías de alto nivel de Madrid, que parece que es la verdadera prioridad de Juan Vivas.

Más allá de la responsabilidad política de Paco Márquez como encargado directo de los recursos humanos, es preciso señalar que el verdadero y más completo responsable del edificio en ruina que es nuestra administración autonómica no es otro que el Presidente Juan Jesús Vivas Lara, que ni rectifica, ni reforma, ni dirige. Emplea sus horas en hacer populismo de la estofa más baja perjudicando incluso las pensiones de jubilación de los empleados municipales.

Ruido

Uno de los cambios más importantes que se ha registrado en las agendas de los gobiernos y de los principales partidos políticos, desde finales del siglo XX, ha sido la inclusión de las cuestiones medioambientales. Al principio eran puntos de colorido verde que unas agendas cuyos ejes eran otros, pero el deterioro progresivo de la calidad de vida y el estrechamiento del futuro de nuestro planeta han servido al menos para que la política medioambiental escale posiciones entre las cuestiones de calado público.

El gobierno ceutí sólo nominalmente ha incluido dentro de sus prioridades políticas el estado del medio ambiente en nuestra ciudad. Tenemos una Consejería de Medio Ambiente y un montón de empresas y entes con finalidades medioambientales, pero con pocos objetivos cumplidos.

Pero si esto es malo, lo peor realmente es la utilización que hace de los criterios medioambientales para otros fines. La única vez que se le ha visto al gobierno de Juan Vivas con alguna preocupación respecto del ruido, nuestra primera fuente de contaminación, ha sido con ocasión de las manifestaciones de parados y de subsaharianos. Había mucho ruido y había que actuar.

Pensaba yo con una extrema candidez que Juan Vivas, para mantener un poco la imagen, iba a tomar algunas medidas contra otras fuentes de ruido que hay en Ceuta, pero no ha sido así. Los vehículos con música atronadora siguen paseándose tranquilamente por las calles de la ciudad sin que la Policía Local reciba la orden de desarrollar una intensa actividad contra este molestísimo comportamiento. Hay una multitud de motos sin tubos de escape y no se hace absolutamente nada y, si se hace, demuestra que no con la eficacia necesaria.

La cantidad de pequeñas obras en nuestras calles, además de ser un despilfarro de dinero público, machacan la salud de los ciudadanos. Obras que no paran, que necesariamente generan mucho ruido, y que no terminan nunca. Todo ello por no hablar del ruido provocado directamente por los servicios de la Ciudad o de sus empresas municipales que no andan con demasiado cuidado para actuar sin que se enteren en un radio de trescientos metros.

Tiene razón Juan Vivas en considerar que el ruido perjudica al ciudadano, pero lo que deslegitima sus actuaciones es que manipula las consecuencias del ruido. Si el ruido viene provocado por una manifestación que perturba la calma chicha que él impone en Ceuta, entonces el ruido es malísimo; si el ruido lo provoca la corporación municipal, sus empresas, la desidia de su gobierno o de sus posibles votantes entonces Juan Vivas y los suyos se dedican a ignorarlo llanamente.

Este blog se une a la Huelga General

Más que nunca Labordeta tiene mucho que decirnos a los ceutíes

Eligiendo la sanción aplicable

Los vertidos ilegales de residuos suponen una problemática que el Gobierno de la Ciudad no ha acertado a corregir. Esporádicamente realizan algunas acciones, con una buena cobertura de Teleceuta, para hacer propaganda, pero los vertederos ilegales continúan apareciendo y creciendo.

Estos vertederos constituyen un problema que afecta a la salud y el bienestar de los ciudadanos, objetivos básicos de cualquier acción pública, y es por ello más sorprendente aún que Juan Vivas y los suyos no se hayan tomado el interés que ponen en otros asuntos de menos trascendencia como la compra de cervatillos vegetales o la adquisición de estatuas de bronce.

El otro día alguien debió ver la luz en el Palacio Autonómico y llevó a Yolanda Bel a anunciar a gritos como si vendiera verdura (tono habitual de la portavoz del gobierno) que, a partir de ahora, no iban a aplicar la ordenanza municipal de limpieza para sancionar los vertidos ilegales, sino que se iban a acoger a la Ley de Residuos.

Cualquiera que tenga un mínimo de formación jurídica sabe que la norma que se aplica a un hecho depende del ámbito de aplicación de ésta y que, en el caso de la normativa sancionadora, debe haber una perfecta adecuación entre el hecho y lo dispuesto en la norma, no pudiéndose elegir la norma administrativa más sancionadora, ya que rigen constitucionalmente casi los mismos principios que en el Derecho Penal.

Lo que, con los datos que tengo de lo publicado en prensa, anunció la portavoz del Gobierno fue precisamente eso: la elección de la norma más desfavorable al hecho. Esto se encuentra excluido por el Derecho Administrativo Sancionador y que hará exitosos los recursos que se planteen contra las sanciones que puedan recaer.

La única responsabilidad la hemos de encontrar en la desidia de Juan Vivas y sus consejeros en adecuar el régimen sancionador aplicable en la Ciudad, dentro de sus competencias, a la Ley de Residuos. No tiene sentido que las disposiciones de la ordenanza municipal de limpieza se superpogan con las de la Ley de Residuos creando un marco realmente indeseable.

Se agrava más la situación con el hecho de que, hasta ahora, la Ciudad ha estado aplicando la ordenanza y olvidándose de la Ley. ¿Por qué? ¿Qué pretendía la Ciudad no aplicando la Ley? ¿No sabían que existía la Ley o conociéndola prefirieron no emplear las sanciones de esta norma? ¿Por qué no han reformado la ordenanza de limpieza para evitar duplicidades sancionadoras?

Todo esto no implica ni gasto de dinero ni otros compromisos de la Ciudad. Tener la normativa en orden para que las sanciones sean efectivas sólo se consigue con trabajo, atención y con ganas de hacer las cosas bien. Es lógico que esto no interese a Juan Vivas, porque una ordenanza no se puede inaugurar tres veces.

Irrelevancia y sumisión

Los casi dos años que José Fernández Chacón lleva al frente de la Delegación del Gobierno no tienen otro calificativo posible que el de “años perdidos”. Fernández Chacón ha demostrado una absoluta incapacidad para la gestión política que, en ocasiones, supera a la del Gobierno de Vivas, cosa de gran dificultad.

La incapacidad de Fernández Chacón se caracteriza no por hacer mal la mayoría de las cosas, como Juan Vivas, sino por no hacer absolutamente nada. Alguien le debió decir que el tiempo arregla los problemas, pero todavía no se ha dado cuenta que los problemas se pudren con el tiempo, como el lunes escribió Aureliano Martín.

Su incapacidad política está en la misma línea que su irrelevancia. A nadie le sorprenden que los diversos departamentos ministeriales operen en Ceuta sin consultarle y sin que a él digan le nada. En el fondo da igual, porque de una consulta a Fernández Chacón solamente se puede obtener el silencio por respuesta.

Un político debe aportar soluciones a los problemas de los ciudadanos. Y los verdaderos problemas no son aquellos que se resuelven según un procedimiento administrativo absolutamente reglado, que para eso ya están los funcionarios. Un político no tiene ni debe tener las mismas obligaciones que los funcionarios, ya que la política debe aunar creatividad y prudencia, virtudes ambas que están completamente ausentes de las acciones de Fernández Chacón.

Las manifestaciones de inmigrantes que están siendo noticia son exclusiva responsabilidad de Fernández Chacón y de ese equipo de ‘cracks’ políticos de los que se ha rodeado o le han rodeado. La Delegación del Gobierno no ha sabido ni ver el problema, ni buscar una solución a tiempo y, a la hora de la verdad, se ha refugiado en una interpretación tan restrictiva de la norma que parece más propia de alguien que representase a un gobierno de Nicolas Sarkozy que a uno de Rodríguez Zapatero.

En las pasadas Elecciones Generales, 14.716 ceutíes votamos al PSOE y al Presidente Rodríguez Zapatero. Contra la propaganda oficial del PP de que Ceuta odia al PSOE el 40.47% de los ceutíes optamos por la izquierda. Luego llegó la concreción de ese voto ilusionado que ha sido la decepción profunda y absoluta que representa Fernández Chacón y su grupo de oportunistas políticos.

Cuando Juan Vivas, en la primera ocasión que tuvo, le largó su discursillo sobre “lealtad institucional”, Fernández Chacón lo entendió perfectamente y lo hizo suyo. El Delegado del Gobierno captó a la primera que “lealtad” significa “sumisión” y ha entregado toda la representación institucional y las potestades legales del Gobierno de España a los dictados y caprichos del gobierno local. Fernández Chacón no ha reaccionado ni una sola vez, en el ámbito de sus competencias, a circunstancias que hubieran requerido su actuación.

Es triste pero hay que reconocer que el único objetivo que tienen Fernández Chacón y los suyos es mantenerse en sus puestos mientras dure. Ni el programa de su partido, ni la mejora de los servicios públicos, ni el encauzamiento del desmadre financiero de la Ciudad, ni la cohesión social son asuntos que les preocupe. A ellos solamente les preocupa sentarse en sus sillones cada mañana.